Melani Fernández
Miré a la empleada, buscando ayuda, pero la mujer permanecía de pie junto a la puerta, con los ojos fijos en el suelo, cumpliendo órdenes de no intervenir. No tenía idea de las proporciones ni de los gustos personales, así que pregunté:
—¿Cuánta azúcar toman?
—La señora Fatma lo toma medio, señorita. Las hermanas, amargo —respondió secamente, sin moverse.
Intenté recordar lo poco que había observado en los cafés de Nişantaşı. Mezclé el agua, el café y el azúcar en