MELANI FERNÁNDEZ
Bajé la mirada hacia el portarretratos de plata que Fatma sostenía entre sus dedos. El frío de la sala pareció concentrarse en mis sienes mientras mis ojos recorrían los detalles de la imagen.
Ahí estaba Leyla. Era una mujer de una belleza serena, clásica, con el cabello oscuro recogido en un peinado impecable y unos ojos almendrados que proyectaban una paz tal como había dicho Suna. Pero lo que me provocó un escalofrío en la columna no fue ella, sino él. Aras estaba a su lad