Melani Fernández
Siempre he creído que el terreno más peligroso para un negociador no es una sala de juntas hostil, sino una mesa donde las reglas no están escritas en un contrato, sino en la sangre y la costumbre. Cuando el chofer de Aras detuvo el coche frente a la imponente entrada de la Mansión Köksal, me acomodé el abrigo de corte italiano y respiré hondo.
Durante los últimos seis meses, me había esforzado por descifrar a Turquía. Sabía qué distritos evitar, cómo pedir el té, qué pa