La tarde se había extinguido, pero la tensión en el apartamento de Melani solo parecía cobrar una forma más sólida y peligrosa. Aras no se había marchado después de dejarla en casa; se había quedado allí, de pie frente al ventanal, observando las luces de Estambul con la rigidez de un soldado antes de la batalla.
Melani se deshizo de la chaqueta de su traje color vino, sintiendo que la armadura profesional finalmente se le quedaba pequeña. Tenía frío, pero no era un frío físico; era esa vuln