La tarde no transcurrió entre café y diplomacia, sino bajo una presión atmosférica que hacía que los empleados bajaran la voz al pasar cerca del ala de logística.
Aras estaba en su despacho, pero no podía concentrarse en los balances de acero. En su mente, la justificación de Diego para el cambio de sede —una "inspección de origen para verificar la integridad de la cadena de frío y estiba"— sonaba como una burla cínica. Diego no venía a ver contenedores; venía a ver si el vacío que dejó en Me