Melani, captando con absoluta precisión la fragilidad del momento, sintió cómo el corazón se le estrujaba en el pecho. No podía permitir que la noche terminara en un duelo de voluntades que destruyera la frágil paz que con tanto dolor habían alcanzado.
Con un movimiento sutil pero firme, rompió la distancia que la mantenía pegada a Aras y dio un paso al frente, interponiéndose de manera invisible entre las dos miradas que continuaban chocando.
—Es hora de irnos —dijo Melani, y aunque su v