Diego
El sonido de los pasos de Melani alejándose por el pasillo era como el eco de un derrumbe. La vi pasar por mi lado sin una sola mirada, sin un roce, cargando esa maleta que parecía contener los restos de mi vida entera. Su perfume, ese aroma a flores frescas que siempre lograba calmar mis demonios, se desvanecía con ella, dejando atrás solo el olor a cera de muebles y a historia muerta.
Me quedé congelado un segundo, con los dedos todavía temblando. La parálisis me abandonó de golp