Melani
Me quedé de pie en medio de la habitación, con la mano pegada al asa de mi maleta, sintiendo que el aire se volvía denso, casi irrespirable. La puerta se cerró tras Diego con un golpe seco y definitivo. Por primera vez en dos años, estaba a solas con Beatriz Von Seidl en mi propio territorio. O en lo que yo creía que era mi territorio.
Su presencia allí era una distorsión de la realidad. Mi suegra era el mármol de Viena: fría, impecable y eterna. Cuando Diego y yo anunciamos nuestro