El vapor del baño todavía flotaba en el aire cuando Aras cruzó el umbral. No pidió permiso; en su mente, las paredes que separaban sus mundos se habían derrumbado semanas atrás. Melani estaba de espaldas, con las manos apoyadas en el mármol del lavabo, mirando su propio reflejo como si intentara reconocer a la mujer que Diego Von Seidl había intentado quebrar horas antes.
Aras se detuvo justo detrás de ella. No hubo palabras; él no era un hombre de discursos cuando el instinto mandaba. Sus man