ARAS KÖKSAL
Yusuf y yo nos inclinamos sobre la pequeña pantalla del sistema de seguridad. El guardia rebobinó la cinta y la imagen digital apareció en gris bajo la lluvia torrencial. Sin duda, era el sedán negro. El vehículo había pasado frente a la cámara buscando la salida hacia la costa, pero la decepción táctica me tensó los músculos: todos los cristales estaban completamente ahumados con blindaje opaco y el coche no llevaba matrícula.
Miré el código de tiempo en la esquina de la panta