ARAS KÖKSAL
El reporte del escolta golpeó mi cerebro con la fuerza de una descarga eléctrica. No estaban muertas. El aire frío de la tormenta entró de golpe en mis pulmones, trayendo consigo una lucidez feroz. Si el auto estaba vacío y los cinturones cortados, significaba que Melani respiraba cuando el vehículo tocó el fondo de la pendiente. El alivio duró un parpadeo antes de convertirse en una urgencia violenta.
—No pueden estar lejos —declaré, recuperando el tono de mando absoluto—. Si