La lluvia torrencial sobre el viaducto de Kavacık no fue suficiente para apagar las luces rojas de las ambulancias, ni el brillo parpadeante de las cámaras de televisión. Apenas cincuenta minutos después del impacto, el sitio del accidente ya se había convertido en un hervidero de metal retorcido, uniformes de rescate y periodistas que desafiaban el aguacero. Las grúas municipales intentaban arrastrar los restos de la berlina que había caído al barranco, mientras los peritos de la policía fotog