Capítulo 66: Su frialdad
El pasillo del hospital estaba inusualmente silencioso. El único sonido provenía del suave caminar de las enfermeras de una habitación a otra y del pitido ocasional de las máquinas que llegaba desde detrás de las puertas cerradas. Dante estaba sentado en una de las sillas fuera de la habitación, con los codos apoyados en las rodillas, mirando al suelo. Durante las últimas horas, su mente había estado en otro lugar. No en el bebé. Ni siquiera en Mariah. Sino en Liliana.