Capítulo 120: El Disparo
El almacén permanecía oscuro y silencioso en las afueras de la ciudad. Viejas vigas de metal crujían sobre sus cabezas, y el aire olía a polvo y óxido. La luz de la luna se filtraba por las ventanas rotas de lo alto de las paredes, proyectando largas y sinuosas sombras sobre el suelo de hormigón. Cajas dispersas y piezas de maquinaria vieja permanecían como silenciosos observadores en la penumbra. El único sonido era la respiración agitada de dos hombres frente a frente