Capítulo 121: Sangre y silencio
Liliana cayó de rodillas sobre el frío suelo de cemento del almacén. El aire olía a pólvora, polvo y sangre. Dante yacía frente a ella, su pecho subía y bajaba con respiraciones superficiales e irregulares. Un rojo oscuro empapaba su camisa y se extendía por el suelo. Sus manos presionaban con fuerza la herida en su costado, intentando detener la hemorragia, pero el líquido tibio seguía filtrándose entre sus dedos.
—Quédate conmigo —susurró con voz temblorosa—. P