— ¡No! —Ordené aclarando mi voz. —No harás nada ¿Me escuchaste, Axel? —Tomé su rostro entre mis manos, estaba demacrado y delgado, perdía peso; aun así, lo miré suplicándole, me llevó un buen rato hasta que por fin hice que entrara en razón. Sus ojos se posaron en los míos y se quedó serio, tratando de calmarse, inhalando y exhalando constantemente.
El silencio permaneció, mientras estaba calmado pude sentir una sensación de paz al estar a su lado. Comencé a detallar su rostro, esas ojeras eran