Ella me miró, con sus ojos hechos un mar de lágrimas y solamente afirmó con su cabeza tratando de calmarse.
—No me ames. —Pidió.
—No me pidas eso.
—Hazlo por mí.
—Hazlo TÚ por mí. —Dije haciendo énfasis.
La miré detenidamente y mi corazón se rompió al ver sus lágrimas caer, sus ojeras eran demasiado notables.
—Oh mi hermosa, ven acá... —Dije abrazándola. —No debes de llorar, cariño.
Con mis manos tomé su rostro hasta que quedaron nuestras frentes juntas.
—Yo te prometo que no te volveré… —Me in