Volví a llamarlo y al segundo contestó. — ¡No! No cuelgues por favor, no lo hagas. —Le supliqué.
Escuché un largo suspiro y después su voz, me llenaba de una sensación de paz inexplicable.
— ¿Quieres contarme qué sucedió? Es... sólo que me preocupas.
—Te puedo asegurar que todo está en orden.
El silencio permaneció en la llamada, yo seguía sollozando en silencio, ya habían pasado diez minutos de silencio.
— ¿Cariño? —Yo no contesté, solo lo escuché y esperé a que siguiera hablando. Su voz me ha