— ¿Cuántos días han pasado, mamá? —Pregunté tapándome los ojos, me fastidiaba la luz y sentía que me pegaban con un martillo mi cabeza; el dolor era insoportable.
—Han pasado trece horas, cielo. —Era poco tiempo, así que no podía preocuparme, aún tenía tiempo para mejorarme un poco y visitar a Deb.
— ¿Cuándo saldré de aquí? —Pregunté desesperado.
—Hoy, por la noche.
—Perfecto. —Sentí que las horas pasaban muy lentamente, cada media hora le preguntaba si ya me darían de alta; me estaba ganando l