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capítulo 3: Atados profesionalmente

La tensión en la sala de juntas del día siguiente era palpable. Elena estaba sentada a un lado de la mesa, con las manos entrelazadas bajo la superficie, obligándose a no interrumpir. Julián, impecable como siempre, estaba frente a la pantalla. Su presentación fue magistral: calmada, técnica y elegante.

​Elena apenas podía creerlo. Él no solo había corregido sus datos, los había elevado, convirtiendo sus notas desordenadas en una estrategia que parecía infalible. Cuando Julián terminó, el silencio que siguió fue breve, interrumpido rápidamente por el aplauso satisfecho del jefe.

​—Excelente trabajo, Julián —dijo el jefe, quitándose las gafas con una sonrisa —Y Elena, gracias por tus notas, se nota que tu enfoque en esta parte fue crucial.

​Elena exhaló un suspiro de alivio, pero su calma duró poco.

​—Sin embargo —continuó el jefe, apoyándose en la mesa —el cliente nos ha solicitado una presentación presencial para el próximo martes. Y dada la complementariedad que han mostrado hoy, quiero que ambos expongan juntos. Ustedes dos son nuestro mejor activo ahora mismo. Preparen el material y asegúrense de estar en sintonía.

​Elena sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies. Juntos. No solo tenían que ir a la reunión de exalumnos el viernes, ahora estaban atados profesionalmente a una presentación de alto riesgo, aunque es un alivio, el crédito no solo se lo llevo Julián, también ella fue felicitada.

​Cuando la sala se vació y solo quedaron ellos dos, el ambiente cambió. Julián comenzó a guardar sus cosas en el maletín con parsimonia, sin mirar a Elena. Ella se acercó, sintiéndose más vulnerable que nunca, no solo por el secreto de su vida personal, sino por la nueva realidad laboral, sin las correcciones que el hizo, hoy la situación seria otra.

​—Lo hiciste muy bien —admitió Elena, bajando la guardia por un segundo —Gracias por... no hacerme quedar mal.

​Julián se detuvo en seco. Se giró hacia ella, y por primera vez, el sarcasmo no estaba presente. Había una seriedad casi eléctrica en su mirada.

​—No lo hice por ti. Lo hice por el resultado Y ahora, con esa nueva orden del jefe, nuestro pequeño trato se ha vuelto mucho más complicado.

​Él dio un paso hacia ella, invadiendo su espacio personal, esa distancia que siempre mantenía como una barrera.

​—El viernes no solo vas a tener que convencer a tus amigos de que eres exitosa —susurró, con un tono que hizo que a Elena le faltara el aire —Vas a tener que convencerme a mí de que puedes mantener el tipo bajo presión. Porque si vas a ser mi pareja frente a esa gente, necesito saber si, cuando las cosas se pongan difíciles, vas a saber seguirme el juego o si te vas a quebrar.

​—No me voy a quebrar —respondió ella, desafiante, a pesar de que sus rodillas le temblaban.

​Julián esbozó una sonrisa de lado, una que no era de negocios, sino algo mucho más críptico.

​—Eso espero, Porque el viernes cuando entremos por esa puerta, no quiero que seas la chica que solía ser popular. Quiero que seas la mujer que ha aprendido a sobrevivir. Y créeme, esa es mucho más interesante.

​Dicho esto, se puso la chaqueta y caminó hacia la puerta. Se detuvo antes de salir y añadió sin darse la vuelta:

​—Pasa por mi escritorio a las seis. Tenemos mucho que ensayar. Y no me refiero solo a la presentación del cliente.

​Elena se quedó sola en la sala, con el corazón golpeándole las costillas. Había conseguido su acompañante, sí, pero empezaba a sospechar que el "novio de alquiler" iba a ser mucho más difícil de manejar que la propia mentira, hasta parece que es el quien lleva el ritmo, de este baile, cuando fue ella quien lo invito a bailar.

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