La carta de Julián permaneció sobre la mesa de café durante todo el fin de semana, transformándose en un objeto con gravedad propia. Elena la miraba de reojo mientras caminaba por el departamento, como si el papel fuera un artefacto delicado que pudiera estallar si se lo tocaba con demasiada brusquedad. Las palabras seguían flotando en su mente: Tu puesto está asegurado... Me trasladaré a las oficinas centrales... No te molestare.
El alivio que tanto había ansiado durante meses de hostiga