El zumbido del teléfono en el bolsillo de su saco se sintió como una pequeña descarga eléctrica. Al salir de la sala de juntas, con las piernas todavía temblando por la sutil amenaza del supervisor, Elena se refugió en el pasillo de los archivadores y sacó el celular. Al leer las palabras de Julián, un remolino de emociones contradictorias le oprimió el pecho.
Que busca ahora me dejó en una tormenta, que amenaza con destruir mi pequeña estabilidad, porque no me deja en paz —pensó y reflexion