Julián aceleró por la avenida vacía, dejando atrás el edificio de Elena. La adrenalina de la fiesta se disipó tan rápido como el perfume de ella en el asiento del acompañante, dejando un vacío frío en el habitáculo.
Giró hacia una zona exclusiva de la ciudad, donde los edificios modernos desafiaban la gravedad con sus fachadas de vidrio y acero. Aparcó frente a un complejo residencial privado y subió hasta el piso número 20.
Al entrar, no había fotos, ni recuerdos, ni rastro de calidez ho