CAPÍTULO 31. Corazones rotos
Stefano estaba desesperado. El terror de perder a Kiryan iba mucho más allá del hecho de habérselo prometido a Bells. Después de perderla a ella, simplemente no podía perderlo a él también, porque la única razón por la que no se había dejado consumir por el dolor era porque debía mantenerlo a salvo.
—Tengo su ubicación. Pero esto no te va a gustar nada.
Stefano escuchó la voz de Mateo por el altavoz del auto mientras conducía.
—¿Dónde está?
—En el Coliseo —respondió Mateo y Stefano le dio vuelt