CAPÍTULO 32. Caballeros de la mesa redonda...
Vivir era un ejercicio de fe, o al menos eso se decía Kiryan Zeynek cada vez que se levantaba. No podía evitar despertarse buscando a Bells, todavía se desvelaba la mayor parte de la noche porque se había acostumbrado a dormir poco, entonces Stefano lo acompañaba ver la tele, aunque él mismo se quedara dormido en el sofá.
Dejar de vivir ya no era una opción desde que Stefano le había recordado que una niña pequeña dependía de él, y Kiryan no tenía corazón para matar ni una mosca, mucho menos pa