CAPÍTULO 24. Tenemos que divertirnos, ¿no?
A Stefano se le rompía el corazón solo de pensar que quizás los últimos doce años de su vida hubieran sido como los de Kiryan. No era que no amara a Bells lo suficiente como para hacer cualquier cosa por ella, pero había una realidad y era que él no era médico, jamás había tenido esa vocación, y entendía que quizás él jamás habría logrado mantenerla viva tanto tiempo como el ruso.
—Tienes que aprender a manejar estas situaciones si estás solo —murmuró Kiryan casi al amanecer.
Estaban acostados