El temor de ser solo un amor pasajero para ese hombre me enfrió el cuerpo como nunca en toda mi vida.
—Adam, te obsesionaste con ella como ahora estás ¿obsesionado... conmigo? —Me tembló la voz al finalizar.
Mi esposo abrió la mirada, atónito. Luego me sonrió y sus manos me tomaron del rostro. Se agachó lo suficiente para besarme en los labios con una delicadeza dulce y una mirada noble atenta a mí.
—¿Sigues creyendo eso, Hannah? No estoy obsesionado contigo, amor. Yo te amo como loco.
Metió lo