Aborrecía a Alexandra y nunca hubiese asistido a una fiesta suya, de no estar enferma y despertar mi lástima. Sabía perfectamente que ella no me quería en su cumpleaños, pero sin mí Adam no acudiría, así que debió soportar mi presencia con tal de tenerlo a él.
Desde que Sean se ganó ese viaje en el trabajo, hacía ya casi 5 años, no había vuelto a poner un pie en ese lujoso resort. Con Adam, llegamos después de un viaje largo por aire y algunas horas por carretera, y tal como en mis recuerdos, el