Seguramente me comportaba como una tonta, pero no quería ser yo la causa de que Alexandra tuviese mayores complicaciones en su salud, y no era una decisión que tomé pensando en ella, sino en mí. Las cosas que me dijo en esa fiesta, sus intenciones descaradas para seducir a mi esposo, no les di más importancia y las deseché a la basura.
Como siempre, elegí confiar en mi esposo y en ese matrimonio que a él le había costado tanto forjar. Durante los siguientes dos meses, nuestras vidas transcurrie