Un hombre aparece entre ellos.
Su ropa está desgastada, cubierta de tierra y hollín, como si llevara años sin importarle la apariencia. Su cabello gris cae desordenado sobre sus hombros, y aunque su aspecto es descuidado, su aura es extrañamente poderosa. Camina entre los dragones como si fueran viejos amigos, y se detiene frente a nosotros con una sonrisa amable.
—Bienvenidos a Deimos. Puedo intuir que no son de por aquí —dice con voz profunda, pero cálida.
Gale da un paso al frente, colocándos