Le conté al Rey de los dragones y a Gale todo lo que sabía sobre cómo la gema llegó a fusionarse con mi interior. Para hacerlo, tuve que hablar sobre la muerte de mi hermana Alena… y cada palabra me rasgaba el alma.
El Rey escuchaba en completo silencio, sus ojos fijos en los míos, como si pudiera ver más allá de lo que estaba diciendo. Al terminar, cruzó los brazos con un gesto meditativo.
—Vaya… qué historia tan interesante —murmuró con tono grave.
—¿Por qué lo dice? —pregunté, insegura de lo