Salió casi en la tarde, no para una salida recurrente, sino para despedirse de su habitual ruta y visitar a su madre, Ana. Quería contarle todo lo que había pasado en su vida en las últimas semanas, ya que todavía no la había puesto al corriente desde que Amelia apareció herida frente a él y luego se desplomó.
Transcurrió más o menos media hora cuando Maximilian llegó. Se bajó del auto y entró a la propiedad. Al ver a su hijo, Ana se llenó de alegría y lo abrazó como si no hubiera un mañana.
—Q