Amelia se sintió renovada después de la ducha, y con la ayuda de Laura, logró vestirse con ropa cómoda y adecuada. Al abrazar a sus pequeños, les repitió que todo estaba bien y que ella se encontraba bien. Sin embargo, los niños no pudieron evitar sollozar un poco, recordando cómo su madre había caído al suelo, adolorida, sin entender del todo lo que había sucedido.
—Mamá, ¿vamos a vivir aquí en esta enorme casa? —preguntó Liam, el mayor, con curiosidad en sus ojos.
—¿Y ya no vamos a volver a