Amelia tomó asiento en un lugar de la mesa, observando su platillo con un poco de aprehensión y nostalgia. La comida que se le había servido parecía deliciosa, pero su mente estaba atrapada en un millar de pensamientos. Marcus, al notar su silencio, la miró con curiosidad, entrecerrando los ojos como si intentara desentrañar sus cavilaciones.
—¿No te gusta la comida? ¿Te pasa algo? ¿Estás cansada? —cuestionó, su voz cargada de preocupación.
Ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Cómo s