Cuando la calma comenzaba a cubrir su cuerpo y su mente, Amelia podía digerir mejor todo lo que acontecía, por más sorpresivo y extraño que resultara.
—Bebe el té, apuesto a que surtirá efecto y te sentirás mejor.
—Se lo agradezco.
—Continúa siendo inesperado para ti, pero quiero que me tutees.
—Oh, bien, Marcus, gracias por el té.
—Sería demasiado exigente pedirte que me llames papá; supongo que llegará el momento en el que probablemente lo puedas hacer.
Ella asintió, pero aún inestable. ¿Qué