Amelia entró a la habitación que ocuparía y no se apantalló, porque ya era lo que esperaba. Más lujo por doquier; tal vez aquella verdad que acababa de escuchar era aún más impactante que cualquier otra cosa. Dejó la maleta en la cama y buscó con sus ojos la entrada al baño, sabía que debía darse una ducha.
Mientras lo hacía, seguía pensando en lo irreal que era estar deambulando por allí sin saber qué sería de ella, y de pronto, en un lugar de ensueño, menos podía imaginar describir algo sobre