Finalmente, Amelia pudo regresar a casa. La sensación de alivio que invadió a Laura al ver a la mujer de nuevo en su hogar fue intensa, pero la realidad era que el silencio de Amelia, su mirada vacía y taciturna, dejaban claro que, aunque aparentaba estar bien, no era así. La atmósfera en la casa era tensa y cargada de emociones no expresadas.
—Laura, tengo que ir a la compañía; el trabajo me llama. Te encargaré que vigiles a Amelia, es una tarea que te encomiendo —dijo su jefe con un tono que