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Amelia, acompañada por los niños, tomó el taxi de vuelta a casa. Al llegar, se encontraron con Renata, la niñera, tan cariñosa como siempre. Amelia se dirigió a ella con una sonrisa sincera.

—Renata, de verdad, estoy muy agradecida de tenerte como la niñera de los niños —dijo, la voz llena de aprecio—. Eres una persona increíblemente atenta con ellos, y eso es más que evidente. Los niños te adoran, y no puedo sentirme más afortunada sabiendo que están bajo un cuidado tan bueno.

Renata se sintió
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