La mujer, aferrándose a su postura, volvió a insistir que no estaba celosa. Su rostro, aunque aún con un matiz rosado, intentaba proyectar serenidad.
—Solo estoy concentrada en mis labores y un poco estresada —le explicó a Maximilian —. Tengo mucho que hacer hoy.
Él, para no prolongar la discusión que tan evidentemente la incomodaba, decidió creerle, aunque fuera de manera fingida. Una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios.
—De acuerdo.
—Aprovecho entonces —soltó ella, su voz teñi