Amelia no tuvo más opción que dejarse guiar por Laura, pero no sin antes lanzar una última mirada de desprecio hacia Maximilian. Un desprecio que él ignoró, como si fuera algo insignificante.
Una vez en la habitación, Laura cerró la puerta. Amelia escuchó el giro de la llave y la voz de Maximilian del otro lado.
—No quiero que salga de la habitación —ordenó con su tono autoritario—. Asegúrate de que coma, Laura. No quiero inconvenientes.
—Sí, señor, como usted ordene —aseguró Laura, y el soni