El tiempo en aquella sala de espera parecía avanzar con una lentitud insoportable. Maximilian sentía cómo la impaciencia lo devoraba desde dentro, incapaz de predecir cuándo obtendría respuestas. La urgencia crecía en su pecho como un peso insostenible.
Finalmente, se levantó del asiento que había ocupado durante lo que le parecieron horas y comenzó a caminar de un lado a otro por el pasillo casi desierto. Intentaba calmarse, encontrar la paciencia que siempre le faltaba, pero que ahora parecí