El regreso a casa estuvo cargado de un silencio tan ensordecedor que parecía tener vida propia. Amelia sentía cómo su pecho se comprimía, robándole el aire, como si cada respiración fuera un esfuerzo titánico. Era una sensación aplastante, un peso insoportable que se aferraba a su alma mientras su mente, inquieta y caótica, jugaba en su contra. ¿Un hijo de Maximilian? ¿Incluso cuando no era su deseo? La idea resultaba una condena injusta, una imposición absurda de ese hombre que estaba a su lad