El cansancio que sentía, luego de una larga jornada, era abrumador. Los pasos de Ismael ya no eran constantes, sus pies simplemente se arrastraban por el pasillo del hospital, ansiando terminar con la tortura de su guardia.
Llegó al área de casilleros para recoger sus cosas y marcharse. Sin darse cuenta de que había estado siendo seguido por alguien.
De repente, una mano lo empujó suavemente contra la pared de los casilleros. Se volteó, con la intención de reclamarle a la persona que se atrevía