Regina entró a la estación de policía, sintiéndose aturdida de inmediato por el bullicio de las voces en el interior, acompañado del tecleo constante de los ordenadores; lo peor era que todo parecía amplificarse en su estado de agitación. Se acercó al mostrador y colocó la denuncia sobre su intento de asesinato y lo relató todo con mucha precisión.
El oficial la escuchó con atención, tomando notas en su libreta. Cuando terminó de relatar los hechos, incluyendo la caída, la pérdida de su embaraz