—Por favor, cálmense —balbuceó Regina con dificultad.
La situación se estaba saliendo de control y no sabía exactamente cómo reaccionar.
¿Qué se suponía que se debía decir en estos casos?
No tenía madera de líder.
Siempre había sido una persona tranquila y ahora, se suponía que tenía que decir algo inteligente para calmar a esta horda enfurecida, pero no se le ocurría absolutamente nada.
Las voces eran cada vez más estruendosas.
Acompañadas de miradas rabiosas y de rostros contorsionados por el