—Fuera de mi empresa, Nicolás. No te quiero en mi territorio —le advirtió fieramente cuando estuvieron a solas.
—¿Estás segura de que este es tu territorio? —preguntó el hombre con voz fría.
—Por supuesto que sí. Es mi empresa, no lo olvides —le recordó lo obvio.
—El hecho de que sea tuya, no significa que los empleados te respeten. ¿O es que acaso ya has olvidado el recibimiento que te dieron?
—Eso no es asunto tuyo.
—Por supuesto que lo es. Eres mi esposa.
De nuevo salía a relucir aquell