Regina colocó las dos manos sobre el volante de su auto, mientras esperaba a que la vieja verja se abriera para que pudiera otorgarle el paso.
Estaba de nuevo en casa.
Respiró hondo, llenando sus pulmones con el aroma familiar de la mansión de su niñez.
Era nuevamente suya, así que ese día reclamaría lo que por derecho le pertenecía.
Estacionó el auto y bajó con lentitud, sin perder la calma, mientras saludaba a varias personas que formaban parte del personal de servicio.
—Nicolás, ¿está e