Me encogí de hombros, como si no importara:
—Entonces olvídense de la chance de la Susana.
Mi papá y mi mamá se quedaron en silencio. Se miraron, y en sus ojos pude notar la duda.
Después de un rato, mi padre apretó los dientes, mientras decía:
—Está bien. Te doy mi palabra.
Al oír esto, a la Susana se le puso una sonrisa extraña, de felicidad contenida. Mientras yo sentía cómo me rompía por dentro.
Mis padres biológicos, otra vez, entre la hija que habían criado desde niña, la escogieron