Pero nadie los peló.
Hasta mi mamá se encabronó, y les dio varias patadas con ganas.
En el camino a la casa, mi papá y mi mamá por fin entendieron qué tan mal me habían juzgado antes.
Querían pedirme perdón, pero se les hizo un nudo en la garganta, pensaron ellos.
El daño que me hicieron era demasiado grande, no importaba cuántas veces dijeran "perdón", no podían arreglarlo.
Cuando la Susana supo que habíamos ido con mi mamá adoptiva, lo primero que hizo no fue preocuparse de que a sus papás bio