El motor rugía mientras ellos se desplazaban hasta el lugar exacto donde la tenían.
Solo habían dejado a un par de hombres en casa y Artyom también se ocupaba de cuidar a las mujeres, los hombres de la Bratva
Las camionetas negras blindadas seguían el auto de Valerik, todas cargadas de hombres armados. El silencio era insoportable. Solo se escuchaban las armas revisadas, los cargadores ajustados, el crujir de dientes apretados.
Dimitry iba en el asiento del copiloto, su mirada fija en el mapa